Archivos mensuales: septiembre 2011

Talento social y emprendimiento social

Bill DraytonDurante los últimos diez años han sido muchas las iniciativas que se han puesto en marcha en el espacio comprendido entre el mundo social y el empresarial, también conocido como emprendimiento social.

Así, existen casos de ONG que buscan financiación para sus proyectos a través de la comercialización de productos, como en el caso de MSF (Médicos sin Fronteras) y sus “pastillas contra el dolor ajeno”; empresas que inician sus actividades fundacionales, como la Fundación BBVA, en países en vías de desarrollo ampliando su cartera de clientes a través de los microcréditos; o empresas sociales que se originan desde la colaboración del sector empresarial y social, como el Grameen Danone. Se trata, éste último, de una empresa creada en 2006 por M. Yunus y Danone cuyo objetivo es fabricar un yogurt que sea accesible (muy económico de manera que todo el mundo en Bangladesh pueda permitírselo) y con los nutrientes necesarios para facilitar que millones de niños, que viven en la pobreza extrema, puedan superar los problemas ocasionados por la desnutrición, consumiéndolo dos veces por semana y durante ocho o nueve meses.

¿Qué es el emprendimiento social?

El término emprendimiento social* fue acuñado hace 30 años por Bill Drayton, CEO de Ashoka y recientemente seleccionado para recibir el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional 2011 por identificar aquellas iniciativas innovadoras que buscan solucionar problemas sociales a través de métodos tradicionalmente asociados a la empresa.

¿Por qué es importante el emprendimiento social?

  1. Es un agente de cambio y transformación de la sociedad.En este sentido, contribuye al desarrollo de competencias de liderazgo e innovación, como la empatía, el trabajo en equipo, la capacidad de aprendizaje, la creatividad, la resiliencia o el learning by doing, entre otras.Permite el cambio de paradigma de empresa enfocada a la rentabilidad hacia un concepto de sostenibilidad. Dentro de este concepto se incorpora la idea de aportación de valor a la sociedad, buscando impacto económico a través del impulso laboral para colectivos menos favorecidos o bien persiguiendo impacto en el aspecto medioambiental. Y todo ello con una visión de largo plazo y de relación win/winy no la mera lógica transaccional.Esa fuerza de transformación se consigue promoviendo los valores sociales y fomentando las prácticas éticas de los gobiernos y de los mercados.
  2. Tiene impacto sobre el desarrollo económico y humano.Como acabamos de mencionar, el impacto social se consigue identificando oportunidades que otros no ven, como por ejemplo, con la creación de puestos de trabajo para colectivos excluidos socialmente o a través de la mejora de la calidad de los servicios sociales (salud, agua y saneamiento, educación, energía, microcréditos). Todo ello sin abandonar los principios de funcionamiento de la empresa, entendida ésta en su primera acepción de la RAE: “Acción o tarea que entraña dificultad y cuya ejecución requiere decisión y esfuerzo.”
  3. Exporta su modelo y aprovecha sus capacidades.

    Introduce una visión innovadora que aporta un nuevo enfoque al que no se llega con el modelo actual –tradicional- de empresa lucrativa o del ámbito público tal y como lo conocemos ahora. Para lograrlo, afronta la resolución de los problemas desde una nueva perspectiva que se adapta a la nueva época en la que estamos: “no estamos en una época de cambio sino ante un cambio de época”.

Las personas o grupos de personas (emprendedores sociales o intraemprendedores, en el caso de llevarlo a cabo desde dentro de la propia organización) que lideran estas iniciativas son personas de un marcado carácter ético y que se diferencian de los emprendedores “de negocios” porque son capaces de ver una oportunidad en los fallos del mercado y crear valor social para el bien público, frente a una rentabilidad enfocada principalmente al accionista. Además se enfrentan a ello con recursos escasos, la restricción de no distribución de excedentes o la dificultad para la medición de su impacto social.

Aprovecha así el talento de las personas desarrollando de manera creativa y libre sus competencias de liderazgo y su capacidad de innovación. Una empresa social que vive de sus personas y del Talento Social de las mismas.

* El emprendimiento social se define a través de tres componentes:

  1. la identificación de un equilibrio estable, pero intrínsecamente injusto que provoca la exclusión, la marginación o el sufrimiento de un segmento de la humanidad que carece de los medios económicos o poder político para lograr un beneficio de transformación por su propia cuenta;
  2. la identificación de una oportunidad en este equilibrio injusto, el desarrollo de una propuesta de valor social, y la incorporación de la inspiración, la creatividad, la acción directa, el coraje y la fortaleza, cuestionando así la hegemonía del estado estable es, y
  3. la creación de un nuevo equilibrio, estable, que libera el potencial atrapado o alivia el sufrimiento del grupo afectado, y a través de la imitación y la creación de un ecosistema estable en torno al nuevo equilibrio garantiza un futuro mejor para el grupo objetivo e incluso de la sociedad en su conjunto.
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Talento social

Los griegos llamaban tálanton (τάλαντον) al platillo de la balanza y, por extensión, también a las cantidades de metales preciosos que ponían allí para ser pesados. En épocas posteriores, tras una nueva evolución del término, se llamó talento a diferentes monedas que circulaban en varias ciudades del mundo helénico. Más tarde llegó a Roma como nombre de moneda, talentum, hasta que finalmente adquirió el significado de tesoro.

Desde hace años se ha intentado en el ámbito de los Recursos Humanos atraer y retener ese tesoro. Al principio muy vinculado a las capacidades intelectuales y conocimientos de la persona. Ahora más enfocado a las competencias o actitudes requeridas por la organización.

Entonces, ¿qué es el talento social?

Se trata efectivamente de un tesoro, que hay que buscar sí, pero existente dentro de nuestra organización. Consiste en la búsqueda y a veces rescate de personas que por su alineamiento en valores y su actitud colaborativa, sirven de ejemplo al resto de compañeros. Son aquellos que asumen, en ocasiones sin pretenderlo, el liderazgo de la cultura organizativa. Si entendemos cultura como el conjunto de conversaciones de una organización -definición que particularmente me gusta por sencilla y gráfica- su valor y fuerza intangibles conforman las competencias que tanto queremos y nos gusta trabajar y desarrollar desde RRHH.

En nuestros intentos por crear liderazgo, entendido como un estilo competencial a nivel directivo y de mandos intermedios que luego debe caer en cascada en los equipos, a veces, chocamos con resistencias que no comprendemos. Chocamos con lo intangible de la cultura.

El talento social trata de rescatar el liderazgo individual, de personas de nuestra organización que, sin ser ellos plenamente conscientes y sobre todo sin darnos cuenta los directivos, gozan de un liderazgo natural tan sólo por su comportamiento en valores. Valores como la humildad, la colaboración, la voluntad de enseñar, sobre todo la de aprender… Creen en una organización más horizontal, más participativa, de compartir información, de transparencia, más natural y más emocional.

Sin duda estas personas disponen de un talento, un tesoro que regalan en cada pequeña acción y que sin embargo supone la acreditación de altos niveles competenciales. Esas actitudes se centran sobre todo en aspectos emocionales. Se conocen bien a sí mismas y se relacionan tan estupenda como naturalmente con sus compañeros. Su inteligencia emocional es natural o aprendida también dentro del entorno organizativo y alineada con sus valores.

Al igual que el emprendedor social busca la sostenibilidad de su actividad a través de la aportación de valor a la sociedad, estamos ante un emprendedor dentro de la empresa que cree en ella y que devuelve en lo intangible lo que recibe. Ese liderazgo empapa al resto de compañeros o colaboradores y los empuja en la dirección adecuada: el cambio cuando lo requiere la empresa, la autocrítica constructiva, la iniciativa, la fuerza de lo individual como fortaleza del equipo. Una alta capacidad emocional, natural o adquirida, que aúna esfuerzos y mejora los proyectos y asegura los logros de manera casi invisible.

¿Cuántas veces hemos buscado fórmulas que impulsen o recuperen el sentimiento de pertenencia a nuestra organización? Para estas personas, la motivación proviene de un sentimiento de pertenencia que les hace ver la organización como un conjunto de personas que a nivel individual y colectivo deberían alinearse con esa cultura que reflejan y en la que creen. Ese es su talento.

La propuesta es identificar este talento social, quizá demasiado humilde y natural, espontáneo como para sobresalir en los sesudos esfuerzos metodológicos de RRHH como los incidentes críticos o assessment center. Para ello iremos desarrollando el concepto de forma poliédrica hasta perfilar sus ideas clave.

by Carlos Cortés

Imagen de Ancient Art bajo licencia Creative Commons CC BY 2.0

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